Llena tu vida de lo que quieras que se desborde.
Llena tu vida de lo que quieras que se desborde.
La sensatez incapacita cualquier posibilidad de debate.
Posted in Filosofía, refranerete sin pretensiones
Tenía la piel azul, y el corazón en un puño,
Y dos ojos ataviados con lucerillos de luto.
La llamaba pescadora.
Suspendida entre las aguas,
Inocente, pura y dura, con su piel azul
Su cara
Daba pena o daba rabia.
Algo tan hermoso no puede quedarse en nada.
Ni desperdiciar su aroma de flor, primavera y agua.
Aire que entre mis dedos fluye,
Besos que saben latín, diosa cuando te mira,
Risa de oro y de jazmín.
Triste amante de mis ojos,
¿Quién te ha dibujado así?
Con la sonrisa de luto
La piel azul, rosa y marfil.
Posted in poesia
Ayer vi a la última mosca del invierno, y hoy a la primera de la primavera.
Posted in Filosofía, microrelatos
Prescinde de tu orgullo, de tu odio, de tu vanidad, de tu rencor, de tu debilidad, de tu miseria y volarás alto liberado de tanto peso inútil.
Posted in Filosofía, refranerete sin pretensiones
No estaba varada, estaba agotada.
La sirena, tumbada sobre las rocas con su larga cola verde turquesa con escamas amarillas y violetas, sorprendente y perfecta, larguísima, dos metros de cola colocada sobre las rocas del litoral.
La piel suave y blanca, los pechos pequeños y desnudos. Se cree, se dice, que los llevan cubiertos, pero no es así, las sirenas van completamente desnudas. El pelo rojo como el coral sucio de algas y arena, inhumanamente brillante se secaba al sol, rizado y obsceno. Y sus labios rosa pálido, los ojos verde mar verde, entreabiertos. La sirena estaba cansada, dormitando y atontada bajo el sol sobre la playa.
Samuel paseaba por la playa comiendo chocolate, llevaba así desde la mañana, se había separado del resto de los equipos de búsqueda, buscaban a una señora de 37 años morena menuda y que llevaba un bañador de cuerpo entero azul. Él buscaba a su madre, una mujer maravillosa, dulce, que hacía los mejores espaguetis con margarina del mundo y le cortaba el pelo y luego se lo olía. Así que decidió separase del grupo, con el chocolate que le dio su padre para resistir la búsqueda y desobedeciéndole, de hecho, se escapó de la marabunta.
Ahí vio a la sirena, se maravilló del brillo de su piel, del rosa de sus pezones y de la longitud de su cola.
Como era un niño curioso se acercó a ella, se acuclilló ante su cara y puso el chocolate en la naricilla del pez, o lo que sea. Ésta lo olfateó con dulzura y el pequeño la tentaba separando el chocolate un poco de la nariz y luego acariciando sus labios con él, ella sacó su lengua y lamió un poco el chocolate, Samuel lo retiró al instante y ella abrió los ojos. Él le metió el chocolate en la boca. A estos peces se les pesca con chocolate.
-¿Quién eres tú?- dijo ella abriendo sus hermosos ojos, tenía la belleza de las mujeres muy bellas. Cejas altas, rasgos afilados, lo que se sabe, lo que imaginas. El pequeño dijo:
–Soy Samuel, estoy buscando a mi madre, se ha ahogado, dicen que está muerta, pero yo no lo sé, y todos la estamos buscando desde hace días- ella sonrió dulcemente y se sentó estirando primero su cola en toda su magnificencia y Samuel la miraba con admiración, qué maravilla de cola, qué flexible, era como de goma. Estiró también sus brazos y sus dedos, bostezó y se sentó sobre su cola enrollada. – ¿Cuántos años tienes?- dijo la sirena. –nueve- contesto Samuel -¿y tú?- -no lo sé, trescientos y algo o así… no sé, no se me dan bien las cuentas- -a mí tampoco. ¿Eres una sirena?- preguntó, ella sonrió y con la uña de su dedo índice se acaricio las escamas de la cola. El rió, se miraron felices. -¿Cómo sabes si tu madre ha muerto?- el niño miró al mar con odio y dijo- porque cada día que paso sin ella es más improbable que este viva, pero yo la siento viva y quiero verla enseguida- la sirena le dijo –yo nado muy bien, quería tomar el sol, y estoy harta del mar, pero nado muy bien, si quieres te llevo por el océano a más velocidad que cualquier barco y la buscamos por todas partes. Muerta o viva, mereces verla.- Samuel accedió y nadaron por el mar, sumergiéndose profundamente, y el niño no podía respirar y miraba con terror los ojos verdes de la bestia que sonría malévola hasta que en un suspiro se ahogó. La sirena sonreía y pensó que todos creerían que había hecho una buena obra, llevar al niño a la vera de la madre, pero sabía que la mejor obra había sido aplacar su aburrimiento.
Cuando la madre fue devuelta a la península rescatada por un pesquero marroquí y supo que su hijo había muerto buscándola, sitio tanto dolor que cayó en una profunda melancolía de la que nunca saldría.
Y es que las sirenas se parecen mucho a las plantas carnívoras, son demasiado hermosas para ser buenas.
Posted in cuento
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