A su gusto

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Este cuento basado en una película, "El silencio de los corderos" de lectura recomendada en caso de haber seguido la saga completa, esperando que sea de su gusto, y que no se les indigeste.



Desde luego esta profesión era mucho mejor que la psiquiatría. Ahora, sanara o no las mentes enfermas, daba placer inmediato a las ávidas bocas de los mejores gourmets del mundo.


Bien se encargaba él de buscar las más exquisitas recetas en su libro de cocina. En un pequeño y selecto bistró para ricachones de todo el mundo, dispuestos a pagar la mayor de las fortunas por el placer único de degustar sus platos. Situado en Sierra Leona, un lugar estratégico, donde la comida exótica y la excentricidad de sus turistas abundaban, al tiempo que pasaban desapercibidos.


La excentricidad es un plato que se degusta más aun a escondidas; valga la paradoja.

¿Pero cómo llego a esto Hannibal? ¿Por qué un caníbal iba a querer compartir sus placeres, su perversión, su secreto?

Años antes se dio cuenta de cuánto mayor era el riesgo, mayor el placer.

Había decidido compartir con el mundo su sabiduría, babear de vicio obsceno viendo la cara de los obesos gourmets cuando comían sus platos...


Pero su obra maestra, su plato estrella, debido a la escasez del producto, era el delicado ahumado con aroma de aceite de sésamo y vainilla, sobre una costra crujiente de pasta de harina tostada y cacahuete. Este plato con la carne de bebés hembra. Sólo los clientes favoritos de Hannibal y él mismo, podían degustarlo.


La carne de las hembras es más dulce, más grasienta y por lo tanto más sabrosa. Y el placer gastronómico que aportaba a sus consumidores sólo era comparable a la sensación de crueldad de que gozaba Hannibal al obligar a su madre a matar a su bebé, o a morir ella.

Ambas opciones eran razonables.


Si la madre, como solía ocurrir, elegía la vida de su hija, la niña se salvaba y la madre se convertía en una exclusiva receta de carpaccio a la que él, gracioso, denominaba “carpaccio de amor”.


Lo preparaba con un aliño de mantequilla clarificada que caía hirviendo con delicadeza de una jarrita al plato, ante los ojos absortos del comensal. Para equilibrar sabores, creaba una pasta fresca y ligera de vinagre, con rábano y tomate fresco licuado como aliño. El sabor era indescriptible. Hannibal, sabía lo que se hacía.


Si la madre era tan cruel de elegir su propia vida a la de su hija, Hannibal, por dos razones de peso, también la cocinaba. La primera razón respondía a la lógica, esa mujer era un testigo. La segunda, al juicio. Siempre fue un caballero y, en el fondo, no podía consentir que una madre antepusiera su vida a la de su bebé. En este caso era juzgada, condenada, ajusticiada y servida en un plato denominado “pecado”.


Pero claro, nada era sencillo. En realidad, ni en Sierra Leona era fácil ir matando y cocinando. Sea como sea, en una tierra que ha considerado de manera histórica el canibalismo, y donde el callo de la crueldad está a la orden del día. Un lugar, como cualquier otro, en el que el dinero lo puede comprar todo.

No era suficiente para que Hannibal fuera más que precavido.


Siempre encargaba vacas. Sus cocineros, engañados, creían cocinarlas. El matadero estaba en Argentina, les llevaban la carne ya despiezada, pero no al restaurante, si no al almacén de cocina experimental, donde, con aires de genio loco, fingía recluirse a buscar nuevas creaciones.

Ahí también había pescados y verduras, cosas que realmente utilizaba en el menú. Pero no la carne, más que en pequeñas cantidades.


Por supuesto, servía chuletón gaucho proveniente de las mejores vacas argentinas y, desde luego, chuletillas de cordero, empanada de sesos de cordero (esto si, aderezado con un porcentaje de sesos humanos)

Así se montaba la vida como jefe de cocina. Viendo a sus negros sirvientes de guante blanco elaborar con delicadeza, todas sus creaciones. Sin que sospecharan que se trataba de carne humana.


A él le gustaba probarlo todo. Cerraba los ojos para acumular en sus sentidos el doble placer del sabor exquisito y perfectamente equilibrado de su creación, así como el recuerdo cruel y amargo de dónde y cómo obtuvo esa carne. Esto le transportaba.

Sorprendía a sus cocineros verle totalmente absorto saboreando con los ojos cerrados y cara placer y que aun así, no fuera un hombre gordo.


Fueron tiempos de gloria para él. Hasta que se tropezó, en una de sus cacerías con Ida.

A simple vista parecía la presa normal. Era alta, hermosa, como la mayoría de las nativas de Sierra Leona. Llevaba a su bebé envuelto en una tela a la espalda y una enorme cesta de paja en la cabeza llena de tubérculos y fruta.


Atardecía, la sabana estaba tranquila, estaba sola. No, no iba cantando, como suelen hacer estas mujeres. Tenía cara enfado, Hannibal enseguida diagnosticó: Una mujer más que viene de trabajar agotada.


Sigiloso, como un gato, dejó que ella le adelantara. Al tenerla delante con una simple llave la tumbó, mareada y desorientada, en el suelo, boca abajo. Comprobó si el bebé era niña o niño. Había suerte, era niña. En caso contrario se iría por donde había venido sin siquiera ser visto.

Usando su “fuerza del chi”, la fuerza aprendida allá por su juventud de artes marciales, con prudencia y calma, sonriente y agradecido, la llevo a su refugio.


Ella seguía aturdida y estaba inmovilizada. Él la calmó, todo un caballero, le sirvió un caldo y la dejo sentada en el suelo, con la niña entre sus brazos, mientras la observaba desde enfrente.

Ida también le observaba , le reconoció en seguida, y comenzó a reír. Su risa era hiriente, azotó a Hannibal en toda su dignidad, como un látigo de cadena lleno de ganchos. Arrancándole la carne del enfermo, pero existente corazón.


Tomo el control, nadie se reía así de Hanibbal Lecter, ni siquiera él mismo osaba hacerlo. Su obra, no tenía la menor gracia. Era cruel, sádica, desmesurada y secreta; y por esto último, nadie, se podía reír de él.


Se levantó y se dio la vuelta, si ella era tan valiente como para actuar, lo haría. Al fin y al cabo, los reflejos de él eran insuperables, como sus sentidos.

Ella comenzó a amantar a la niña y sonriendo le habló:

"Tenía ganas de conocerte, hermano" esto si que era inesperado. Ella estaría equivocada, sabía en su intuición que no era así ,podía, en ese mismo momento darse media vuelta y comer los carnosos labios de un mordisco. Pero sentía curiosidad, tal vez esto sólo era otro estadio superior de maldad, era la oportunidad de matar, quien sabe, a alguien, quien sabe, que no le temiera lo más mínimo.


"Callas" continuo Ida."No me recuerdas ¿verdad?" dijo ella algo más seria, y ciertamente, empática. Pero ni una sombra de miedo.


Eso sólo podría significar que estaba equivocada o que no le importaba lo más mínimo morir.

Ida decidió callar para dejarle hablar, pero no contestaba. Se volvió para mirarla. Intentaba adivinar en su figura qué pasaba, en sus gestos un halo de miedo o de complicidad, lo que fuera. Sólo había una madre amamantando a su hija con aire de rutina que espera una respuesta .

"¿El caldo está a su gusto?" le pregunto finalmente Hannibal.


"Si, extraordinario, si no le importa me gustaría repetir..." le contesto ella. Le sirvió, con exquisitos modales y ella, con los mismos modales, le agradeció el caldo .

"Antes no cocinabas tan bien, hermano" dijo ella."Siempre has tenido un don, eso esta claro, pero esto... Déjame pensar… quiero encontrar la palabra adecuada... es un simple caldo de verduras y carne... sin embargo, hay que decir que le has dado... como se dice...¡ah sí! El punto.

No quiero aburrirte con mi conversación, porque se que tienes trabajo que hacer... pero si yo tuviera tanto dinero como tú cocinaría manjares dignos, no de un emperador, eso ya lo haces tú, si no dignos de ti, hermano mío"


"Vaya, con la vanidad me quiere esta ganar la partida..." pensó Hannibal riendo por dentro. Y con amabilidad le dijo: "Perdone, señora, quizá sea la edad, pero no recuerdo tener ninguna hermana, bueno, en realidad tuve una... pero era blanca"

" Y sabrosa" inquirió ella. Dejó al bebé en el suelo y se levantó. Comenzó a desnudarse, mostrando su hermosa figura. Se le acercó, le puso la cara justo en frente. Él hizo un gesto rápido de ataque, aunque no pensaba morder. Ella ni se inmutó.

Señaló sus labios, sus mofletes y sus orejas. Y dijo "cartílago, es tan delicioso que a penas necesita aderezo" se dio la vuelta y, señaló la musculatura de su espalda "esto es carne de primera...(rió) para los novatos". Luego sus muslos "esto si que es carne de primera; yo la haría ahumada y cruda. Si me acepta la sugerencia.


¿Le aburro doctor? Aunque claro, mis muslos tienen mucha grasa, y la grasa se rancia fácilmente. No se me ocurre solución... quizá elaborar un aceite".

Hannibal empezaba a animarse.


Cogió al bebe y la desnudó."sinceramente hermano, no me gustaría comérmela. A mí personalmente, y te pido como favor personal, que si la cocinas, sé que lo harás, la disfrutes tú.

No cualquiera sabría disfrutar hasta este punto de mi criatura. ¿Sabes que como tomillo para que al amamantarla huela a tomillo? Estoy segura de que será de tu gusto, huélela" dijo ofreciéndole a la niña con sus brazos abiertos.


Hannibal sentía curiosidad. Se preparó cuidadosamente una copa de whisky, le ofreció a ella, que acepto."puedes vestirte, por favor" dijo Hannibal. Ella obedeció.

"Ya sabes que quiero preguntarte, así que contesta" dijo Hannibal.

Ella rió con ganas, y elevó su copa a la salud de él, y dijo "nosotros siempre hemos comido gente para coger su fuerza, no tiene nada de malo, pero tú lo haces por odio. Y claro, sólo coges el odio de la gente. Hará mil años, tú y yo éramos la misma persona, comíamos con odio, yo ya no lo hago. Ahora no soy caníbal, mi pueblo no lo es. Sé que no crees en la reencarnación, y me da igual, y a ti también debería dártela, ahora soy bruja. No te tengo miedo porque no temo a la muerte, ni al dolor. No temo que mi bebé muera, porque morirá, eso está ya hecho. Pero si ha de alimentar a alguna alimaña, algún gusano, o a las hienas, prefiero que lo haga a un hombre. Así que sí, lo que has oído, estamos a tu servicio.


Espero, no obstante, que el tomillo sea de tu agrado" y sonriendo, se sentó.

"No creo una sola palabra de lo que has dicho" contesto Hannibal.

"Lo raro, hermano, es que si que lo crees..." dijo ella.

"¿Y si tanto sabes de mí, ¿Por qué no salvas tu vida encontrando mi punto débil?, lo tengo" dijo Hannibal.


"Te he dicho que no temo a la muerte. Disfruta de mi hija, yo me voy. A mí no me comerías, y lo sabes; morir por morir..."

Así se dio media vuelta y salió de la cabaña. No le importaba darle la espalda ni ser muerta por él. Pero Hannibal no obedecía órdenes y corrió tras ella placándola de nuevo matándola.

Se la comió, con ira. Como un perro, cruda, en el suelo arenoso, dejando ser el animal que quería ser, que anhelaba ser.

Horas más tarde, Hannibal Lecter moría envenenado.

Ida Ngdo, había cumplido con la misión que ella misma había planeado. Ser el plato fuerte de un caníbal.


Eso sí, envenenándose antes. Poco a poco, día tras día, para que el veneno no pudiera matarla. Eso ya lo haría el cáncer... y brindar por última vez en la boca de un gourmet.


Caballero andante

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¿Sabes?
Quisiera ser un caballero andante para andarte.

Perdón, quise decir amarte.

No te ofendas...
Es que ni soy un caballero
ni soy andante.
Pero si soy un hombre
deseoso y anhelante
encendido y vigoroso.

Ardiente apasionado y glorioso.
¿Qué más quieres?

Ni te miento ni me mientas
ni te pienso ni me olvides
tú a lo tuyo y yo a lo mío
que para eso hemos venido.

Sin promesas
ni palabras
ni silencios vacíos

sólo un hombre
una mujer
un sofá
quizá... un buen libro...

tú me das tu cuerpo
y yo me iré vencido.

¿Te gusta el plan?

Es la pura verdad
por eso los caballeros andantes
que tanto te gustan
mienten tan bien
y aman tan mal.

Así que preciosa,
deja ya de llorar
vive un poco
vamos a jugar...

yo pongo las ganas
¿Pones tú lo demás?

Para todos aquellos que quisieron saber que fue de Truman al dejar el show.

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este cuento esta basado en la película "El show de Truman".



"Pues la verdad... sinceramente... no me parece ese tal Truman, como usted lo llama, un tío tan especial. Un mendigo más, uno de nosotros, 'pa que me entienda. Ya sabe... diferente... ya sabe... Pero no, no me mire con esa cara, nosotros somos todos diferentes. Entre nosotros cada uno es distinto. Somos raros entre los raros, y ese Truman, yo le llamaba el Barbas Billie, bueno, Truman, como sea, que da igual, pues eso, un joven loco más.

Que le voy a contar...

Pues no sé, yo es que no veo la tele sabe. Yo antes era jardinero, y eso, bueno... un traspiés tras otro y ahora vivo aquí, en la calle. No me disgusta no se crea, se hacen buenos amigos.

Está Ocho, ese está aquí por 'ludospata'; que son esos que juegan para perder. Porque si no, por lo visto, es peor. Nunca le he entendido bien. Phillip, el poeta, le llama Ulises; por no se qué cosa de que, las máquinas traga perras de Las Vegas, le llamaban como cantos de sirena. Yo de eso no entiendo. Del único Ulises que se algo es del fontanero que se beneficiaba a mi madre, y vaya palizas gastaba el tío a mi pobre madre.

Pero Barbas Billie, pues eso, un chiflado más del club.

La primera vez que lo vi no llevaba barba, iba desaliñado, pero bien. Vamos, no como un mendigo. Le pedí algo, como hago siempre, para beber, sabe, el whisky y eso. Y el tío se echó a llorar. Yo, naturalmente, le abracé fuerte y le tranquilicé. Pobrecito. Luego me pareció como que le daba un traspiés o algo, que como que se me caía, como que se me volaba 'pal suelo... y lo agarré fuerte. Vino TZ, el negrata retrasado, y me ayudó a cogerlo. Y como no sabíamos qué hacer con él, pues no lo llevamos a nuestra zona.

¡Jo! El crío no paraba de llorar. Se tiró así toda la noche.

Abrimos unas latas de chili que teníamos en la hoguera, y estaba toda la panda.

El Crujidos, el viejales ese que tiene premociones, al que Phillip llama Nostradamus, Que ¡oiga! Esto es cosa muy importante, aunque Phillip le llame Nostradamus, por lo visto, no tiene nada que ver con eso de la cosa nostra de los espaguetis de la mafia, eh... Que dice Phillip que era un tipo de antaño (que no estoy seguro qué es, pero creo que es que ya murió) que sabía cosas del futuro. Y él, Phillip el poeta, que le da el berrinche de bautizarnos a todos sin importarle cómo nos llamemos o queramos que nos llamen, pues le llama así. Pero para los demás es el Crujidos.

Yo como soy muy íntimo de Phillip el poeta, a veces también le llamo el Nostradamus. Y me da la risa cuando hago broma y digo el 'cosa Nostradamus'. Y nos partimos de la risa Phillip, el Crujidos y TZ el negrata, que creo que se ríe por 'apatía'... Vamos, porque nos ve reír a los demás... 'apatía' ¿no? eso dice Phillip. Es que este Phillip es un hombre de estudios, no se crea, y un poeta de gran hermosura.

Pues Barbas Billie, pues eso, un chiquito un poco roto por dentro, de la vida sabe. Decía muchas locuras. Yo creo que era 'sicofrenico', que son esos que ven cosas que los demás no ven. Yo debo ser un poco sicofrenico a veces... pero no se si será el whisky, que no se crea, que a veces me da mucha tristeza.

No sé, decía Truman, como usted le llama, que toda su vida era un espectáculo y todo el mundo lo veía en la tele. Y crea usted que a lo mejor, mire, que he llegado a dudar que no era 'sicofrenico' ni nada, que decía la verdad. Porque oiga usted, señorita periodista, me quería sonar su jeta. De un bar que estuve una vez, la tele puesta... sí, más joven y sin barba, sí que me quería sonar...

Pero bueno, me llaman loco si digo que Barbas Billie no está loco, así que yo me callo. Que bastante tengo con ser alcohólico, que se lleva mal, que es mucha angustia buscar dinero para poder beber. Y entienda usted que yo nunca he visto la tele de seguido, porque mire, desde los ocho años que ando buscándome la vida por la calle y por el mundo...

Y eso, lo llevamos 'pa nuestra zona, comimos y nos dijo esa locura suya, o lo que sea, de que su vida no era verdad. De que él no tuvo madre, si no que una corporación fue su madre. Eso si es de locos...

Pero nosotros escuchamos mucho a los locos, a mí porque me entretienen, y a veces para ver si yo lo estoy. Luego te das cuenta de que lo mismo da, vamos, que cada uno a su manera está muy loco. Y también porque Phillip dice que son 'iluminati'. No sé que es, pero debe ser algo como los curas, que hay que hacerles caso si no quieres problemas.

Decía que toda su vida había sido mentira, que le habían dado una madre falsa que era actriz y que su trabajo era hacer de madre. Pero que no tenía hueco en su corazón para él, pero él, pobre Barbas Billie, si tenía hueco en su corazón para ella .

También un padre falso, que también mataron de mentira, para que no se escapara y le cogiera miedo al mar. Lo ahogaron, pero de mentira como le digo.

Y que hasta su esposa era falsa.

Luego contaba algo muy bonito. Una moza del mundo real se infiltró en su corporación, y él se enamoró, y quiso salir a buscarla, y poco a poco se dio cuenta de que todo era una gran mentira. Que es lo que dice Phillip que es la verdad, una gran mentira...

Yo no entiendo, pero TZ se ríe y dice siempre que lo oye: '¡si... ja ja... y el tonto el TZ!'.

Bueno, que lo querían hasta matar a base de mar, ahogado, usted ya me entiende. En la corporación. Para subir la audiencia de la tele, que no es como subir el volumen. Es para que lo vea más gente. Que a la gente normal les gusta, ya sabe, la morralla....

Y que bueno, se escapó porque era más listo, y ella su enamorada, le estaba esperando fuera toda preciosa, decía él, y se fueron a vivir juntos.

Pero él no era feliz en la realidad, porque le dolía, como a Buda, que era el Jesús de los indios. Y que le daba pena la droga, los locos, nosotros. Y que su princesa y él discutían y gritaban y él no sabía cómo hacerlo bien, porque la gente dentro de la corporación tenían orden de sonreírle siempre, o algo así...

Yo no sé si estaría loco, pero desde luego no es lo más raro que he oído de un 'sicofrenico'.

Pero si usted me paga por contarle esto y dice que era todo verdad, pues ya siento yo haberle tratado de loco. No se crea, no es que les trate peor que a los que no lo están, porque todos somos hijos del mismo Dios. Eso me lo dijo a mí un 'sicofrenico' adicto al crack que murió en mis brazos. Y ‘pa mis adentros que fue el mismito Dios que se lo dijo a él ‘pa que me lo dijera a mí.

Es que hay que ser bueno, señora, porque mire usted, yo aquí estoy, borracho, como siempre, y me preocupo mucho de que quiero mucho a mi madre, que me quería mucho, y la echo de menos y eso duele. Y me tengo que poner a buscar perras todos los días 'pa eso del alcoholismo.

Pero oiga, que luego amanece todos los días y veo a los ejecutivos con sus trajes, mordiéndose los labios de nervios 'pal trabajo, y me pienso 'pa mí que yo me preocupo por lo del whisky, pero ellos por el trabajo... ya sabe por donde voy... ya sabe usted.

Y Billie, pues eso, muy amigo nuestro. Pero un día se fue. Se enfadó con Dios, dijo.

Dijo que él quería una madre. Y yo le dije que como todos, que qué cosas tenía. Dijo que con su princesa la cosa no funcionó porque la realidad es peor que la corporación. Y que luego, pues eso, se pasaba la vida de programa de televisión a programa de televisión. Y probó la coca, y eso lo estropeó todo con su princesa. Y nada, que no le gustaba la realidad...

Así que un día decidió huir del mundo y se dejó barba para que nadie le conociera, y decía que se llamaba Billie, para no ser mas Truman. Y se lanzó solo a la calle a experimentar la realidad.

Y estuvo por aquí como dos años o así... y una mañana, dijo que se iba, y se fue...

Y eso es todo. era un buen tipo, algo triste... pobre.

Y oiga ¿de verdad ese hombre era más famoso que Jesús?”.

Cuatro

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Si algo he aprendido es que no sé nada....sólo que a veces se me olvida.

El libro de la vida y Manuel

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Cuando Manuel cumplió siete años, se sintió terriblemente decepcionado por sus regalos, todo eran entúpidos juguetes, y un niño tan especial…con juguetes diseñados para romperlos, no se sentía feliz. Además mamá hizo tarta de manzana y no de chocolate como él pidió. No consiguió soplar todas las velas, lo que le entristecía, lógicamente, porque no se cumpliría su genial deseo de desarrollar alas para poder volar ¡Cómo no se había ocurrido a nadie antes nunca! Y el hecho de que quedasen dos velitas encendidas, le dejó desolado, otro año entero sin poder volar. Su madre le decía que no tenía importancia si no lo hacía a la primera, que en verdad tenía hasta tres oportunidades, pero el era un niño muy inteligente, y sospechaba que su madre le mentía para consolarle, porque si era así, ¿Por qué todo el mundo insistía tanto en que se esforzase en apagarlas todas? Y desinflado como pronto estarían los globos de su fiesta, salió al jardín a hablar con su perra, a ver que pensaba ella. Pero la perra estaba bastante más interesada en la siesta y en dejarse acariciar la tripa por el abuelo que en hablar con él. No le importó demasiado, se acercó al abuelo."¿Qué tal niño?" pregunto el anciano."¡MAL!" contesto. "¿cómo mal? ¿qué pasa?" Insistía su abuelo."nada, que no se va a cumplir mi deseo" el abuelo le preguntó por qué, y él le contó que porque faltaban dos velas de las que sopló. Y el abuelo empezó a reírse a carcajadas "¡pero eso no importa hijo!" le dijo "los deseos reales se cumplen siempre, siempre que realmente lo desees" " ¿estás seguro abuelo?”, preguntó Manuel "¿Cómo que si estoy seguro?" dijo, cascarabioso, "Yo lo sé todo, ¿no ves que tengo el libro de la vida…?""¿el libro de la vida?",preguntó el chiquillo. El niño, curioso, con sus ojazos repletos de pestañas y cara de sorpresa "¿Qué es ese libro? Y… si lo sabes todo ¿por qué no me lo cuentas?" "no es una mala pregunta,"dijo el anciano,"no lo es, pero no sé…siempre es bonito aprender poco a poco, no crees?" "¡NO CREO!" Afirmó contundente Manuel rabioso, curioso, nervioso "quiero, quiero ese libro, sé leer muy bien" "ufff! Eso sí que es un problema" dijo el abuelo " ¿cómo que un problema?,¿es un libro no?" "si claro," respondía paciente, pero instigando la curiosidad del niño , mientras dolorido se levantaba del asiento, La perra respingueó para seguirle, tenía toda la actitud de un paseo, Pero se lo pensó mejor el animal, u olió la tarta, porqué cambio de opinión y entro perezosa en casa a mendigar comida. "mira niño,"continuó" esa sí que sabe, de la perra podrías aprender, más que del libro de la vida. Pero no te preocupes, no hace falta saber leer para leerlo, si no… los analfabetos no podrían leerlo, ¿no crees?". La verdad, Manuel no le hizo demasiado caso, todavía estaba extasiado por el hecho de poder aprender algo de la perra, ¡pero si era tonta!. La madre le llamó a dentro para merendar, y quedó con su abuelo en que le dejaría el libro después, así lo leería en la cama, y además, no pasaría nada, porque según el abuelo, tampoco hacía falta luz para leerlo. Después de cenar, el anciano se acercó a Manuel, le dio el libro, era un librito fino, con tapas duras y negras, y grabado de pan de oro con las letras famosas "libro de la vida". "Toma ,Manuel, no les digas nada a tus padres, yo creo que aun eres joven para leerlo…pero bueno, ya que insistes. De todas formas, te gustará, la vida es algo maravilloso, a veces, y con el libro, lo será siempre" dijo el abuelo. Manuel sonrió cómplice, y dijo bajito: "tranquilo, no diré nada a nadie, aunque me torturen, callaré por ti" el abuelo sonrió, le acarició el pelo, y se sentó a ver la tele, se quitó la zapatilla, y cuando la perra lo vio se puso panza arriba, para que le acariciase la barrigota con el pie, sacó la lengua, y con la vista hacia la tele, se quedó tan a gusto." ¿Y ese bicho sabe más de la vida que yo?" pensó Manuel, besó a sus padres y se acostó. Nada más que apagó la luz, cogió el libro escondido bajo el pijama, y era cierto que no hacía falta saber leer para disfrutarlo, porque fue abrirlo por la primera página, y ver un delicioso dibujo de un bosque que se quedó dormido. Lo primero que vio, fue a sí mismo totalmente perdido en el centro de Tokio, todos iban con prisa, no entendía nada, ni lo que decían ni lo que ponía en los carteles, se sintió fatal, el sueño era totalmente real, y tenía miedo, casi se hace pis encima."¿Cómo he llegado aquí?"pensó, aterrado, estaba totalmente perdido.


Comenzó a andar sin dirección concreta. Tenía el estómago a flor de piel, mucho miedo "ojalá tuviera por lo menos a mi perra… "Pensó. "Y eso, que diga lo que diga el abuelo, es tonta perdida, yo hablo con ella y no contesta, ni me hace caso ni nada". En ese momento sintió la pena que sin duda sentía el animal al ver que su ser más querido se burlaba así de ella. Manuel se acongojó, ¿qué ha pasado? no puede ser verdad, no puedo estar en el centro de Tokio…estaba leyendo el libro, no, esto es un sueño." Pero no podía quitarse la amarga sensación de la perra en su pecho."ojalá tuviera aquí a mi perra, aunque sólo sea para pedirle perdón por llamarle tonta". Con eso bastó, de repente se sintió mejor, mucho mejor, se acuclilló en el suelo, feliz, "me ha perdonado" se dijo,"pero… ¿qué pasa? ¿que me he convertido en la perra?" obviamente no, tenía su aspecto de niño de siempre. Al verse, tan solo, tan en Tokio, acuclillado y en pijama en medio de la calle, con chinos alrededor ( a los siete años, la gente de Tokio, son chinos), decidió ponerse en un lugar más escondido, en una acera o un portal. Anduvo buscando uno, y veía a niños como él ,trabajando duro. Uno de ellos, algo más pequeño, le miraba fijamente, parecía hambriento, y nuevamente Manuel se sintió triste, con una profunda tristeza, pensó por qué el mundo era un sitio tan desagradable, él no quiso su tarta de manzana y aquel otro niño, sin zapatos, le miraba con pena y hambre, y no pudo evitar pensar en las palabras de su abuelo cuando le dijo que la vida era maravillosa. Su abuelo no sabía nada, la vida era terrible, y el libro le hizo desgraciado. No tenía con qué poder ayudar al niño, tampoco tenía para él. Pensó que mejor le pediría ayuda que ofrecérsela, pero tampoco esperaba obtener demasiada de un niño menor que él, medio desnudo, sucio y hambriento. Así que decidió que estaba mejor solo, y empezó a andar. No paraba de caminar, a lo lejos vio como una arboleda, y decidió acercarse, se parecía al bosque del libro, y deseaba verlo. Tras el largo paseo llegó al bosque, y sin duda era el mismo bosque que el del libro. El bosque era precioso, y estaba muy transitado por gente de todas las razas. Unos iban, casi todos, otros venían, unos pocos, y algunos estaban sentados. Él empezó a caminar hacia donde iba la mayoría. El camino no estaba mal, frondoso, pero lleno de unos postes cada cien metros en los que ponían rituales a seguir, cada cien metros tenía que hacer un bailecillo. decidió ver cómo era el camino que venía, y se dio la vuelta. El camino estaba casi desierto, más adelante, había más gente, pero la mayoría acababan dándose la vuelta y cogiendo el camino más concurrido. En este camino contra corriente, también había rituales, que eran los bailes contrarios del camino concurrido, pero no tenían ningún sentido casi ninguno… . También omitían algunos bailes, lo que no le pareció nada mal a Manuel. Y por fin vio a una persona que se metió entre la maleza. Parecía reconocerlo y creyó que era su abuelo y corrió tras él: "¡abuelo! ¡abuelo!, soy Manuel!". El abuelo se volvió "vaya, así que te has quedado dormido, y estás soñando" "eso creo" contestó Manuel, "bien, ¿qué haces aquí?, ¿por qué no vas con todos?" preguntó el abuelo."Porque no sé… es un rollo, cada rato hay que bailar, algunos bailes son bonitos, pero otros no tienen sentido" contesto Manuel."¿bailar…? ¡Qué raro!,cuando hice el camino por primera vez no bailaban, pero cada camino…es diferente… Bien, niño, si no te gusta ese camino, ¿por qué no coges el otro?" "porque el otro no es nada mejor. Ahí los bailes no tienen sentido, además, hay gente del camino primero que se meten o pegan a los del camino de vuelta. No parece divertido tampoco, sus bailes; son justo al revés, y, aunque han quitado algunos de los bailes tontos del camino de ida, y eso está bien, y entre ellos, no se pegan, porque en el camino de ida si uno se retrasa los otros tiran de él…¡eso no me gusta!, en el camino de vuelta ,esto, lo hacen menos…pero aun así lo hacen…" Terminó Manuel. El abuelo, respiró hondo, y dijo para si "este niño, sabe lo que no quiere, sabe lo que quiere entonces..." "Y bueno, Manuel" aclaró el abuelo en voz alta "¿qué te parece quedarte quieto?" a lo que Manuel contestó "ahora está bien, porque hablamos, pero si estoy solo me parece aburrido" "¿y qué vas a hacer?" preguntó su abuelo "no sé, seguiré buscando" "Muy bien" contestó," "¿sabrás llegar a casa?" preguntó de broma el abuelo, y Manuel, riendo dijo: "sí, en cuanto me despierte". Ahora estaba tranquilo, porque su abuelo estaba ahí, y ya tenía claro que se trataba de un sueño, si no, ¿cómo habría llegado a Japón él solo? Al quedarse solo, Manuel comenzó a fijarse más detenidamente en la gente, en lo que hacían en los caminos, en todos esos sentados, que se dedicaban a criticar a los que paseaban, en los que empujaban a algunos o tiraban de ellos, para que siguieran el buen camino, el que iba. Cada ciertos metros, un cualquiera gritaba algo, y todos le seguían y hacían caso, y los que llegaban tarde eran objeto de burla. Manuel les oía decir qué ropa llevar, cómo educar a sus hijos o qué comer. No lo entendía. En el camino de vuelta, las cosas no eran ni distintas, ni mejores, era el mismo mundo, pero en negativo, al revés, sin más. Vio algunas personas que se adentraban por donde no había camino, pensó que eso sí que le gustaría, explorar el bosque de verdad. A su aire, sin empujones, ni tirones, ni críticas, o por lo menos no las vería. La pena es que a toda esa gente los demás los tenían miedo, echaban a correr despavoridos cuando los veían, o les tiraban piedras, aunque no parecía importarles demasiado, las recogían y las tiraban al río para ver las ondas del agua, o las aprovechaban para rodear sus hogueras, y asar así la comida.

Eran raros. Todos eran claramente diferentes, vestían a su manera, cada uno a su estilo, cómodamente, sin pretensiones. Por caminos distintos, en grupos o solos. En realidad eran muy pocos. Luego, en el camino de ida vio a su madre, con su padre…"¿vienes Manuel?" le preguntó dulcemente su madre, tendiéndole la mano. Manuel, que detestaba ese camino, contesto: "No. iré por aquí, por entre los árboles, quiero ver el mundo y bailar lo que quiera, pero iré a buscarte a veces, no me alejare de ti" "entonces" contestó la madre "llévate a la perra, estaré más tranquila" Manuel miró alrededor, no vio la perra…"¿Dónde está mamá? No la veo" "ahí" y señaló a un pordiosero de los que no iban por el camino, si no entre los árboles…Manuel, sin miedo se acercó…y el pordiosero empezó a lamerle la cara… Rompió a reír, y así se despertó riéndose, con la perra encima, lamiéndole la cara…y un dulce olor a tarta de chocolate.

"¡FELIZ CUMPLEAÑOS! "Gritaba su familia al entrar en su dormitorio… Manuel sonrió, y pensó que todo había sido un sueño. Al abrir los regalos, puso especial atención el de su abuelo, un librito fino, con tapas duras y negras, y grabado de pan de oro…

Los patitos del parque

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Aquella mañana iba yo a morir, sin saberlo, pero quizá, sabiéndolo, porque tal vez sí lo sabía...sabía que el doctor me daría los resultados de las pruebas, pero yo, que no soy tonto, eso no, había leído en su cara días antes la verdad, cómo en un libro.


Me desperté más cansado que al acostarme, serán los años, el cuerpo ya duele al despertar, incluso adiviné una terrible tortura entre los sueños densos y grises que me comían la mente mientras dormía.


Sabía, sí, que iba a morir, y la congoja y el miedo se convirtieron en mi pesadilla, pero eso sí, despierto.


Volvería a dormir, pero debía ir a mi cita.


Y así lo hice, nervioso, acalambrado con un sudor calentorro y desagradable que me bañaba y me resbalaba. Esperaba el tranvía, o viajaba en él, sin notar la diferencia. Las calles de mi ciudad, tan conocida, me eran indiferentes, ya se podía acabar el mundo, que yo iba a morir, lo demás daba igual. Aquella vieja fea sola amargada de enfrente era tan afortunada, tenía vida, pasada, futura .La terrible niña de gafas, la odiaba, por no hablar del descaro de la juventud de los estudiantes, restregándome el hecho de su feliz existencia como a voluntad en el día de mi pesadilla despierto.


Y llegó mi parada, más ella a mí que yo a ella, porque andaba enajenado y alejado de todos menos de la tristeza y el temor del corazón, y pronto, como siempre, pronto llegaba a la consulta.


Aunque no me quedaban ojos para verlo, era un precioso día de primavera, primavera generosa de verde y verde azulado en la hierba del parque cerca de la consulta, quizá mejor que entrar en un bar sea una buena idea pasear por la hierba del canal y mirar el agua, buscando paz. Y así lo hice, con desgana me acerqué al canal, a rebuscar entre la hierba, había oído a los muchachos del tranvía que había un viejo que plantaba marihuana por ahí, y aunque no me interesaba más que por curiosidad anduve por aquellos reductos de hierba buscando " hierba," pero vi paja, la de un nido, con una puesta de tres huevos grandes, de pato u oca, supuse, no había más que mirar al canal para imaginarlo.



Al mirar el reloj, llegaba mi hora, e hice lo que debía, enfrentarme a los oscuros y opacos ojos del doctor con su diagnóstico terrible de muerte segura sin tratamiento, en "de cuatro a seis meses."


Consternado salí de la consulta, pegué mi cara al espejo del ascensor, sin lágrimas, la rabia las tapaba, vi mi corazón romperse de miedo, tristeza y decepción...y no recuerdo siquiera cómo volví a casa, si andando en tranvía o transportado por el aire...no recuerdo...nada.

No tenía siquiera a quién contarle mi futura muerte, no tenía a nadie, y a la noche, en la cama, bien arropado, miré al techo preguntándome qué sería de mí, cuando advertí, con la primera risilla del día, que el único momento algo feliz de ese día fue el descubrir la escondida puesta de huevos...decidí, ya que estaba condenado a muerte, aprovechar la coyuntura para observar aquellos huevos, y medio feliz, a la mañana siguiente fui al parque, también hoy ardía la primavera salvaje ante mis ojos. Con algo de miedo, me acerqué al nido, temía que no estuviera allí, desde luego no tenía edad para andar arrodillándome en el suelo ,pero qué podía importar, y a quien, si no tenía a nadie, si ni siquiera estaba vivo, diría yo. Así que me agaché a ver la puesta, y miraba a ratos los gorrioncillos saltarines y alegres que revoloteaban por aquí y por allí, y a los patos, flotando en el canal, cuando oí un ruido y miré al nido. Quise apartarme, no me dio tiempo, cuando un diminuto amarillo piquito se asomó por el agujerillo del huevo, y salió un feo pollo de pato amarillo y mojado, que me vio, y claro, era un pato, ¡un maldito pato...! Que siguiendo las estrictas leyes de su naturaleza, me llamó mamá, que en lenguaje patuno se dice "cuac" y empezó a seguirme.



"¡Seré idiota!" me dije, y con razón, " los patos creen que su madre es lo primero que ven moverse, pero si yo ya lo sabía...". Así que mostrándole al mundo mi estupidez, empecé a andar, intentando un imposible, deshacerme del patito.



Empecé a andar de acá para allá con el propósito de que el animal se cansase, lo intenté atar con paja al nido, enganchándole las patitas como buenamente pude, no quería atarlo bien por evitar que luego su madre no pudiera desatarlo, así que me limité a enredarlo, pero el bicho era tenaz, y se deshacía del nido, y me seguía gritando "¡Mamá! ¡Mamá" en su idioma, que empezaba a ser el nuestro...con inocencia me decía "¿por qué te vas mama?"

en su cuac cuac desesperado..."¡pobre animal!" pensé casi en voz alta. La solución es que lo vea su madre, un imposible, ni se había acercado al nido en el tiempo que llevaba yo ahí.



Intenté cruzar la carretera, y el pato me quería seguir. "¿Pero no ves criatura que te van a atropellar?'" ¡Y claro que no lo veía,! resultaba cómico, imagino, verme andando haciendo eses y de vez en cuando corriendo, y él detrás de mí, "Pero ¡qué he hecho, qué demonios he hecho!" y me seguía, y seguía y seguía.



Opté por correr deprisa, y corría que volaba el animal, lo escondí tras los muros del canal, para que no me viera, y oía su vocecilla patuna cuac cuac por todas partes, (especialmente en mi mala conciencia) siguiéndome desesperado, "¿qué puedo hacer?, voy a morir, patito, no te puedo cuidar"


Seguí intentándolo una y otra vez, y desistí, como el pobre animal desde que nació no había hecho otra cosa que seguir a su "madre" pensé que quizá necesitase comer...así que finalmente me rendí, o me rindió él, no lo sé, pero acabé cogiéndolo y metiéndolo en mi bolsillo," Te llevaré a casa patito, te daré de comer". Y así hice, sardinas en lata, su primera comida, nuestra más bien, yo también comí.



Y empezaron a pasar días, y el patito en casa, lo metía en la bañera para que nadase, pero no tenía futuro el pobre bicho. Así que decidiendo que ya que estaba claramente sentenciado a muerte, podía, debía de hecho, irme a mi casa de la montaña, allí había ríos, trigales, campos, un buen hábitat para un pato y mejor para un moribundo que ya poco o nada tenía que hacer, excepto cuidar del pato.



El pato se adaptó mucho antes que yo al campo, desde luego era su casa, mi casa de madera era nuestro hogar, y el bicho socializaba conmigo por días.



Una mañana me despertó su impertinente aleteo por el pasillo,"¡Ya está este madrugando!, ¡joder con los pajarillos!" Pensé, y al verle, ese día, no se por qué, por fin caí en la cuenta de que se hacía mayor, era todo un pato adulto, pero no sabía volar, claro, mamá no predicaba con el ejemplo...y decidí enseñarle a volar.


Como el día glorioso en que intenté deshacerme de él a toda costa, intenté también sin éxito enseñarle a volar. Pero esta vez no me iba a rendir, ¡que va!, me hice con una cometa con forma de ave, se la ponía en el pico y la hacía volar...el bicho la miraba extrañado y me seguía a mí "mamá está loca"

pensó el ave, juraría que en voz alta y en mi idioma.


Ya habían pasado cuatro meses, y aunque me encontraba mal, no empeoraba, cuando tenía un dolor, el ave me reclamaba, no me dejaba en paz, no me dejaba sufrir...tomaba la medicación paliativa, la única que podía tomar, y daba la sensación de que sabía si estaba malo, porque aunque su egoísmo de hijo era inequívoco, también su humanidad de pato se hacía presente, y su cuac era más moderado cuando el dolor era más grande.


A pesar de mis muchos esfuerzos el ave no volaba, aleteaba, eso sí, con gracia, pero no iba demasiado lejos, volaba unos metros, y como un piloto novato viraba en mí dirección y venía ,se caía torpemente a mis pies."¿Quieres una sardinita, verdad hijo?" le preguntaba, contestaba que sí, y así nos organizábamos.


El verano terminó y el ave seguía conmigo y sin volar, yo no parecía más muerto que meses antes, así que no desistí en mis intentos de hacerle volar.


Un día especialmente doloroso lo pasé entero en la cocina elaborándome unas alas falsas de cartón con plumas de almohadas y de él, el entretenimiento me hizo soportar el dolor mejor que ninguna medicina, y la mirada de mi plumífero hijo, me hizo sonreírle, mostrándole mi disfraz, para advertir, por fin, que era feliz, irónicamente por primera vez en mi vida.


Saqué mis falsas alas y pasamos los últimos días del verano en las clases de vuelo para patos y hombre, a mí no me salía, pero un día, mi hijo voló, y se fue, se fue lejos.

Miraba al horizonte, echándolo de menos antes casi de perderlo de vista, pero volvía a mí, y sin saber aterrizar caía torpe y cómicamente a mi lado.

Entonces comprendí que había llegado el momento de tener una seria conversación de padre a hijo sobre la independencia:

"Hijo mío, sabes bien que estoy muerto prácticamente, me he esforzado mucho en tu manutención y en tu educación, es otoño ,pronto será invierno, y la montaña en esta época no es lugar para ti. Tienes que emigrar con los de tu especie, ¿Entiendes?" y no entendía, lo que era de entender, por otra parte.



Y no me dejó morir, si moría yo, moría él, así que aguanté, tan sano o tan enfermo como al principio un otoño entero y un invierno entero...esperando una primavera en la que le juntaría a la fuerza, esta vez sin compasión, a los de su especie.


Y así hicimos. Nos juntamos a una manada de patos con el firme propósito de sociabilizar...el animal se entendió con ellos enseguida, se enamoró, lo vi en sus ojos, o en su cuello...en su pavoneo glorioso frente a su patita guapa, los deje solos.


Esa fue nuestra primera noche separados, mirando al techo, me sentí morir en la cama, quise morir, estaba preparado, todo bien atado, pero no hubo suerte, viví hasta la mañana siguiente.

Sin nada qué hacer, (El animal ya me había regalado ocho meses de vida más de los que me ofrecía el médico, con su contraoferta de cuacs inevitables) así que decidí ir al estanque a ver como se montaba la vida mi niño con aquellas nuevas gentes picudas.



Y así pasé la primavera, empeorando eso sí, y amortajándome cada noche, sin éxito. Llegó el verano, muy enfermo andaba ya, los paliativos eran ya morfina, no había pato-morfina en mi vida, pero pensaba en él, y ya no sabía no ser feliz, toda la vida que tenía era un regalo. Llegó el otoño, y los patos se fueron...le vi partir alas arriba con su amada...y le salude con la mano, "¡Adiós hijo, tráeme algo bonito de África!"


Y me fui riendo, lo había conseguido.



Sardinas de nuevo, felicidad, libro en la cama,"muramos en paz, amigo " me dije al cerrar los ojos...cuando caí en la terrible cuenta de que tenía mucho trabajo por delante al decirme a mí mismo "pero...si no puedo morir...tengo que esperar a la que vuelva...¡no le he enseñado a aterrizar!"





Lázaro

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Un día oí una voz
¡No! ¡Espera! fue una noche
¡No! espera, fueron más.
Dijo: ¡levántate ya!


¿Quien no ha oído esa voz jamás?
¿Quien no ha tenido la oportunidad
de cargar una cruz al Calvario
y no poder ni llorar?


¿Arrastrando pies y manos
lamentando,
machacando a uno y otro
a su paso, repartiendo latigazos que se da?


Levántate ya, no duermas más.
No sueñes más, todo es verdad.


¡Ah! pesada cruz, cuesta abandonarte al pie del monte
¡Ah! pesada cruz, me he acostumbrado a tus llagas
¡Ah! pesada cruz, podría llegar a quererte
¡Ah! pesada cruz, si no puedo abandonarte.

Cuesta dejarla a los pies
porque llega la montaña
y desde abajo es tan alta!
¡tan alta que ata!
y ata y ata y maltrata.


Los que están arriba te hablan
dan ánimos.
Tú no los oyes
porque los clavos… ¡Ay de mis clavos! ¡Agarrados a mis manos!


Y dejarse morir de puro vaga
Y dejarse vivir atadita a la llaga
Y apartarse del mundo
por no subir la montaña.


Lázaro, levántate y anda
y Lázaro tira la toalla.
Lázaro levántate y anda
y Lázaro no oye nada.

Lázaro, levántate y anda
y Lázaro se clava una espada.


No tenía bastante con el látigo en su espalda.


pero ahí esta la montaña,
que lo esperara mañana
en la mañana.


Si Lázaro es fuerte
Si aprende a escuchar
Si aprende a creer
podrá.


Y empezará a recoger.
Y se verá desde arriba,
y se reirá con ganas
del Lázaro aquel atadito a su llaga.


Dichosos los Lázaros que van con la cruz
a buscar la montaña, se rinden, y se levantan.
¡Dichoso el que acepta la oportunidad que le brinda la montaña!.